Es verdad aquello de que “a toda acción corresponde una reacción” y en lo que respecta al uso de la inteligencia artificial (IA), las cifras actuales y previsorias sobre el consumo de energía que requiere cada consulta, cada solicitud de una imagen estática o video, obligan a hacer una reflexión. Veamos en esta entrega algunas mediciones en la actualidad.
Uno de los resultados más notables indica que se consume más energía al generar una interacción de texto con IA que generar una imagen. Así lo expone un estudio hecho por medio de difusión MIT Technology Review acerca del impacto que produce Llama, el modelo de código abierto de la empresa Meta.
Según este cálculo, para cada respuesta que provee Llama se requieren en promedio unos 6,706 joules de energía cual equivale a utilizar un horno de microondas durante 8 segundos. En cambio, generar una imagen requiere unos 4,402 joules, esto es, cincos segundos y medio de un microondas funcionando.
Lo anterior se debe a que las imágenes trabajan con menos parámetros que el texto y, por tanto, requieren menos esfuerzo. Pero todo cambia si hablamos de video: los modelos como Sora de OpenAI, por ejemplo, pueden requerir 700 veces la energía necesaria para crear una sola imagen, lo cual equivale a dejar funcionando un microondas por más de una hora. Cabe mencionar que tales cifras no contabilizan la energía que se requiera para el enfriamiento de los centros de datos.
Aunque cuantificar con precisión el consumo energético en torno a la IA no es una tarea fácil, la aproximación lograda por la publicación del MIT da una idea de lo que significa el uso –o abuso– de emplear la inteligencia artificial ahora que está tan asequible a nosotros, y aporta más argumentos pragmáticos para decidir si vale la pena emplear la IA para una tarea banal o no.
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Por José Luis Becerra, Director Editorial de CISOCLUB, jlbecerra@cisoclub.mx